viernes, 7 de enero de 2011

El oficio de construir el corazón del tiempo

Aconteció en 1921 en la ciudad de Libres (Puebla), para esa fecha la fábrica no tenía nombre y mi papá barajaba algunas propuestas, le sugirieron ponerle Centenario ya que en ese entonces se cumplían cien años de la consumación de la independencia de México, le gustó y desde entonces así nos conocen.

Zacatlán no sólo se distingue por los frutos preciados de su tierra como el café y las manzanas, su reputación se extiende más allá de sus paisajes y sus sabores. En ese rincón serrano está uno de los íconos de la región: la fábrica de relojes monumentales Centenario, que con sus 93 años de innovación y creatividad ha trascendido en el tiempo y en el espacio. “Muchas personas piensan que un reloj público es un lujo, sin embargo, hemos comprobado que es un símbolo de cultura y progreso, presta un servicio social necesario en todas las ciudades y poblaciones”, es el concepto que José Luis Olvera Charolet, hijo de Alberto Olvera Hernández y gerente general de la fábrica Relojes Centenario, nos compartió en una visita que realizamos a su factoría.

Actualmente trabajan en Relojes Centenario los hijos y los nietos de Alberto Olvera, fundador de la firma, además medio centenar de empleados. La fábrica se localiza a dos calles del corazón de Zacatlán, fácilmente se puede confundir con el entorno urbano de la ciudad pero sus habitantes, sin mayor problema, dan santo y seña de él. Es un edificio que se distingue por su pequeña torre y un característico reloj, ahí se encierran muchos años de esfuerzo e ingenio, muestra de ello es el muro de fotografías en blanco y negro que exponen diversas facetas significativas de la empresa y sus trabajadores en la sala de recepción.

Un sortilegio que signó su destino

“Un reloj de chimenea propiedad de mi abuelo fue lo que cautivó a mi papá allá por 1909. Al tratar de repararlo lo desarmó y sucumbió ante la pequeña máquina de medir el tiempo”, relata con gran orgullo don José Luis Olvera y al mismo tiempo nos guía a lo largo de su taller mostrándonos algunos relojes armados.

El ruido de la actividad fabril no impide a nuestro anfitrión dar un salto al presente en la historia de Relojes Centenario al referir que ha instalado relojes monumentales a lo largo y ancho de nuestro país. “Hemos colocado el Reloj Floral del Parque Hundido en la ciudad de México, un reloj de fabricación especial para la Basílica del Roble en Monterrey, el reloj del centro joyero San Juan de Dios en Guadalajara, un reloj floral especial en Tuxtla Gutiérrez, el del centro comercial Plaza Real Saltillo en Saltillo, Coahuila, entre otros”.

Tal vez Alberto Olvera, cuando entregó su primer reloj de manera formal, no imaginaba que su empresa llegaría más allá de las fronteras mexicanas. Chignahuapan se inscribió en la lista de la entrega inicial en 1919 y la comunidad de Malargüe, en la provincia de Mendoza Argentina, es uno de los últimos encargos.

“Mi papá empezó a construir su primer reloj monumental a los 17 años, solamente contaba con un torno de madera, una fragua, un yunque y herramienta rudimentaria que pertenecía al taller de carpintería de mi abuelo. Años más tarde estableció su taller en Coyotepec, donde trabajó hasta 1929. A partir de esta fecha contó con un ayudante y varios aprendices”.

Relojes Centenario, además de fabricar e instalar los relojes, repara relojes franceses, alemanes e ingleses de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando Porfirio Díaz sugirió que se colocara uno en cada población.

La inquietud por conocer el origen de la marca Centenario, despierta en el hijo de don Alberto Olvera, una sonrisa juguetona y de su memoria brota una de cientos de anécdotas que con sencillez expone. “Aconteció en 1921 en la ciudad de Libres (Puebla), para esa fecha la fábrica no tenía nombre y mi papá barajaba algunas propuestas, le sugirieron ponerle Centenario ya que en ese entonces se cumplían cien años de la consumación de la independencia de México, le gustó y desde entonces así nos conocen”.

Un museo que honra su legado

Admirar la precisión milimétrica con la cual se fabrican y ponen en funcionamiento los relojes, el deleite con los sonidos de los carillones [1] y enriquecer nuestro bagaje cultural con la historia de esta fábrica, son el aperitivo para visitar la única exposición en su género en América Latina, el Museo de Relojería Alberto Olvera Hernández, les aseguro que se sorprenderán no sólo por las joyas de la Relojería e ingeniería, también por las diversas formas que el hombre ha inventado para medir el tiempo, desde artilugios que se idearon dos mil años antes de Cristo, hasta Relojes de la época actual.

El museo también cuenta con una sala audiovisual para la presentación de documentales y un mural que detalla la obra y el pensamiento de Don Alberto. Además está en exposición el objeto más valioso del recinto, el primer reloj que fabricó el pionero de esta industria, no sólo es una pieza más, ¡funciona!, al igual que todos los artefactos que a lo largo del tiempo la familia Olvera ha adquirido. “Si se construye el corredor industrial de Zacatlán, haremos de este lugar un gran museo para que la gente sepa que aquí nació y prospera una empresa que nos ha dado muchas satisfacciones”, indica José Luis quien antes de concluir la visita señala que al vender un reloj se adquiere un compromiso que no finaliza el día de la inauguración. “Cuando es necesario, los técnicos viajan por el país o al extranjero para reparar o sencillamente para dar mantenimiento, de esa manera estamos presentes hasta en los lugares más lejanos”.

1. Carillón es el conjunto de campanas que producen determinado sonido o melodía para señalar lapsos de tiempo. Las melodías del carillón las elige el cliente de acuerdo con las tradiciones musicales del lugar o con sus preferencias personales.

1 comentario:

  1. Que buen invento el reloj...
    me encanta..en todas sus formas.. desde lo que es la metafora del tiempo hasta los relojes Gucci que serían una versión mas materialista de la función de los relojes en estes mundo

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