domingo, 22 de enero de 2017

El muro que ya se construye

…las naciones verdaderamente democráticas han destruido los muros que las dividían y han construido puentes para afianzar relaciones de intercambios beneficiosos para la integración, la libertad y la solidaridad…


El muro que pretende construir Estados Unidos a lo largo de la frontera con nuestro país para detener la inmigración clandestina, ha sido motivo de reflexiones, notas y pronunciamientos, muchos de ellos han propuesto el “diálogo respetuoso y maduro entre los gobiernos de los países involucrados para encontrar soluciones que respondan a las exigencias de respeto a la dignidad y a los derechos humanos de los migrantes, los cuales nunca deberán ser considerados ni tratados como delincuentes” (nota de prensa emitida por la Secretaría General de la Conferencia del Episcopado Mexicano, el 24 de diciembre del 2005). Este es el punto de discusión: ¿Por qué construir y reforzar las medidas de seguridad con una mentalidad xenofóbica, egoísta y discriminatoria? El proyecto del flamante mandatario norteamericano, Donald Trump, construir una muralla a lo largo de la frontera con Estados Unidos y endosarlo a nuestro país, nos remonta a épocas de la historia de la humanidad que nadie quiere recordar.

En el siglo XX la humanidad atestiguó el estallido de dos guerras mundiales, la consolidación de sistemas totalitarios demoledores y la acumulación de inmensos sufrimientos humanos. Dos años antes de la publicación de la encíclica Pacem in terris, en 1961, se erigió el muro de Berlín para dividir y oponer no solamente dos partes de aquella ciudad, también dos modos de comprender y de construir la ciudad terrena. De una parte y de otra del muro la vida tuvo un estilo diferente, inspirado en reglas a menudo contrapuestas, en un clima difuso de sospecha y desconfianza. Tanto como visión del mundo que como planteamiento concreto de la vida, aquel muro atravesó a la humanidad en su conjunto y penetró en el corazón y mente de las personas, creando divisiones que parecían destinadas a durar siempre. Sin embargo, las naciones verdaderamente democráticas han destruido los muros que las dividían y han construido puentes para afianzar relaciones de intercambios beneficiosos para la integración, la libertad y la solidaridad.

El Papa Benedicto XVI afirmó en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2006 lo siguiente: “Las autoridades que, en lugar de hacer lo que está en sus manos para promover eficazmente la paz, fomentan en los ciudadanos sentimientos de hostilidad hacia otras naciones, asumen una gravísima responsabilidad: ponen en peligro, en zonas ya de riesgo, los delicados equilibrios alcanzados a costa de laboriosas negociaciones”.

“Desde el Evangelio nosotros sabemos que el proyecto de Cristo es superar los egoísmos y las enemistades; Él no vino a enfrentarnos, sino a construir una humanidad fraterna y reconciliada; Él vino a demoler los muros de la discordia; Él desea que sus hijos se reconozcan entre sí como hermanos” (Nota de prensa emitida por la Secretaría General de la Conferencia del Episcopado Mexicano, 24 de Diciembre del 2005)

Esperanza, valentía y amor serán necesarios para impulsar el compromiso, humano y cristiano ante la amarga experiencia de la construcción de un nuevo muro: el del “egoísmo”.

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