viernes, 23 de abril de 2010

Atacar la obesidad

Ley anti obesidad ¿qué es eso? Si creen que por decreto ya no puede haber más obesos en nuestro país, qué equivocados están quienes diseñaron esa iniciativa. Para atacar la pandemia se les va a exigir a los chamacos de las escuelas de educación básica hacer 30 minutos diarios de ejercicio y que se elimine gradualmente la venta de alimentos chatarra caseros como los chicharrines, las papitas y churritos. Los productos de Bimbo, Sabritas y Ricolino, ¿esos no? Hasta los refrescos de cola se van a dejar de vender y en su lugar expenderán aguas frescas, como si los niños de buenas a primeras acepten estos cambios, con lo melindrosos que son ahora.

Creo que el principal problema de los malos hábitos de alimentación tiene su origen en nuestros propios hogares, para muestra unos ejemplos. En vez de beber agua de sabor o agua natural con los alimentos, predomina el refresco de cola o de sabor, con alto contenido en carbohidratos y sodio. En vez de comer un buen plato de fruta (papaya, sandía y plátano con yogurt), un zapote mezclado con jugo de naranja o betabel con cacahuates, como postre, el niño quiere sus galletitas, el joven ni de chiste se atreve a probarlo y el adulto obeso le parece una soberana payasada de alimento. Si mamá no puede cocinar, porque trabaja, lo más fácil es comprar la comida hecha... esa de lata, lista para calentarse en el horno de microondas. Otras tienen el cuidado de comprar los alimentos en una fonda sabiendo que son más o menos nutritivos.

Recuerdo que en mi niñez (hace 30 años) a mis compañeros les daban para el recreo gansito y coca, porque a la mamá le dio flojera preparar una torta de frijoles con queso y aguacate o una de huevo con jamón con un yogurt. El problema no se agota ahí, súmele la vida sedentaria de niños y adultos que pasan el resto de la tarde frente a la computadora, la televisión o los juegos de video. ¿Caminar? ¡Ay no! ¡Qué flojera! ¿Jugar un partido de futbol o basquetbol en el parque, en el vecindario o en la calle? Con esta inseguridad, ¡no!

La población rural tampoco se escapa a los efectos de la mala alimentación, ciertamente consumen mucho refresco y frituras pero hacen ejercicio; van al monte por leña, a cuidar el ganado, a barbechar sus tierras, a las faenas o dedican tiempo en otra actividad de la vida agropecuaria. Alguna vez supe que los niños del campo para el desayuno, en vez de leche, tomaban pulque... Para que nos demos cuenta de los extremos en la alimentación.

La obesidad es un problema de salud pública, tenemos el nada honroso segundo lugar a nivel mundial y somos el país “number one” en el consumo de refresco en el orbe. La gordura no se puede atacar por decreto, se deben formular políticas de nutrición y acondicionamiento físico para las familias mexicanas, la cuestión fundamental es que las adopten y hagan de ellas una buena costumbre, de lo contrario, no se quejen que no les advirtieron de las enfermedades crónico- letales como la diabetes y la hipertensión.

Como dice el “temo” Blanco, coman frutas y verduras.

Postre

“Por mi raza hablará mi espíritu”... Si ese es el nivel académico de la dirigente nacional de los maestros, cómo estará el de los agremiados que rechazan la prueba enlace. Lo correcto es “Por mi raza hablará el espíritu”. Y como breviario cultural, es el lema de la máxima casa de estudios, la UNAM y fue acuñado por José Vasconcelos, educador y filósofo.

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