viernes, 21 de septiembre de 2012

El valor y el reto del cambio


“Cambiar” impone el reto de buscar nuevas vías de acceso para convertir nuestros pequeños pasos en grandes saltos que nos acerquen a la realidad de los sueños siempre acariciados pero nunca abrazados y mucho menos poseídos.


El devenir de la historia y la humanidad siempre ha marcado finales e inicios, puntos de llegada y de partida, se cierran capítulos en la historia e inevitablemente se abren otros. Así somos los hombres, nacemos para morir, es decir, el viaje de la vida que iniciamos al nacer un día terminará en la propia muerte. Sin embargo, en esta trama fatídica en la que estamos sumergidos, no deja de asombrar la profunda huella que a su paso deja en el cuerpo y en el espíritu humano el tiempo cósmico; es en este oleaje donde una palabra fragua los éxitos y las derrotas, los inicios y finales, el principio y el fin: es en el tiempo y el espacio donde se da el  “cambio”.

La real academia de la lengua define “cambio” como acción y efecto de cambiar y a su vez el verbo “cambiar” como dejar una cosa o situación para tomar otra, convertir o modificar una cosa para convertirla en algo distinto u opuesto. Dejar cosas a veces ocasiona movimientos dolorosos, sobre todo cuando la estabilidad se ve amenazada y no queremos correr el riesgo de lanzarnos al impacto de lo que someramente conocemos, en palabras de la sabiduría popular “no se puede silbar y comer pinole”.

El ser humano busca resultados seguros, apostamos a lo que nos da confianza, el cambio se convierte entonces en la aventura de abrir el espacio para honrar el pasado y crear la cuna del futuro, aun cuando los frutos estén guardados todavía en la semilla.

Cambiar resulta difícil para quien no se ha dado cuenta que existen valores que ya se han devaluado en la cotización de la historia y que es necesario ceder antes que caer en la banca rota del estancamiento y el retroceso.

“Cambiar” impone el reto de buscar nuevas vías de acceso para convertir nuestros pequeños pasos en grandes saltos que nos acerquen a la realidad de los sueños siempre acariciados pero nunca abrazados y mucho menos poseídos.

“Cambiar” es mudar la contrariedad de la vida, es aceptar que el capítulo que se cierra ha deleitado, ha embelesado, y es necesario cerrar el telón para mudar la escenografía, si es que queremos disfrutar la obra completa.

¿Estamos listos para el cambio, lo aceptamos, lo respetamos? ¿Queremos enarbolar este estandarte promisor de un futuro de esperanza? o ¿Tal vez queremos seguir aferrados con las cadenas del pesimismo que nos impiden vivir para morir y seguir viviendo?

El cambio depende de nosotros, démosle la oportunidad de iluminar nuestra vida.

Postre
El ex director del albergue “Hermanos en el camino”, el sacerdote Alejandro Solalinde, participó en la mesa “Paz, Seguridad y Justicia”, del Encuentro por la Paz: Valora, Construye y Trasciende” que organizó el gobierno del estado de Puebla, anunció que en los próximos meses se instalarán cuatro albergues para migrantes centroamericanos en diferentes puntos de Puebla, los cuales serán administrados tanto por integrantes de la iglesia católica como por organizaciones de la sociedad civil… El defensor de los migrantes indicó que ha recibido muchas invitaciones para trabajar con sectores desfavorecidos. “Me encanta porque eso también es hacer incidencia dentro de la iglesia para entender todo este tiempo que vivimos y la importancia de la migración como agencia de cambio.”

martes, 11 de septiembre de 2012

Septiembre de mil sabores



México debe nutrirse, fortalecer el diario acontecer con una buena dosis de proteínas, como las que aportan los chapulines, los gusanos de maguey y los escamoles, alimentos ancestrales que desde entonces constituyen una buena ración natural para caminar con esperanza, para soportar los embates de la recesión económica mundial y sobre todo para alejarse del fantasma de la crisis económica, trabajando duro y parejo, los comieron los antepasados y sobreviven en su herencia.


Nuestro país es un mosaico geográfico de cultura y raíces, de doméstica imaginación y creatividad fantasiosa, basta girar la mirada para extasiarse con los monumentos arquitectónicos, las fértiles y extensas llanuras, la agresividad de los desiertos, la inocencia de los juguetes y el amor de las canciones, sin olvidar la magia de las artesanías, la piedad de las oraciones que plasman en el arte de imágenes, pinturas y objetos religiosos a los que el cielo califica y pone precio. Así también se hace la patria, a través de las manos que conjugan libertad e iniciativa en las caprichosas ideas del ingenio mexicano. Una centella de esta genialidad se extiende a lo largo del territorio nacional, de península a península la magia habla a través de los sabores, de cada región, de cada familia, del sazón que transmite los deseos y aspiraciones de los hombres y mujeres que, como susurro del viento, comunican sus esperanzas a través de la comida mexicana. No en vano escritores y directores han delineado esta dimensión en sus obras, escrutando lo que al paladar y al espíritu nutre y agrada.

México debe nutrirse, fortalecer el diario acontecer con una buena dosis de proteínas, como las que aportan los chapulines, los gusanos de maguey y los escamoles, alimentos ancestrales que desde entonces constituyen una buena ración natural para caminar con esperanza, para soportar los embates de la recesión económica mundial y sobre todo para alejarse del fantasma de la crisis económica, trabajando duro y parejo, los comieron los antepasados y sobreviven en su herencia. Pero si de gustos se trata, no caerían mal algunos antojitos: tamales, chalupas, molotes, chanclas, pelonas y los tacos en su diversidad de rellenos, no tan nutritivos y energéticos pero ricos en su sabor y significado, siempre que de antojitos se trate hablamos del momento necesario par convivir, celebrar y festejar, no hay reunión que no presente esta oportunidad.

Los mexicanos disfrutamos los tiempos de antojitos, espacios abiertos al humor, a la alegría y al descanso, instantes que abren las puertas donde la historia se vuelve fantasía y la fantasía se escribe como historia, oportunidad de reír ante la muerte, la soledad y la trama incomprensible de las estructuras políticas y sociales, antojitos pasajeros donde la desgracia se vuelve mofa y burla como la misma vida. Y para acompañar el gusto, no olvidamos una buena bebida, las hay de todos los géneros: inhibidoras y sagradas como el pulque, refrescantes como las de los sendos vitroleros que expenden su sabor en las ferias y fiestas, medicinales como los tés e infusiones preparados con un toque de sabiduría ancestral acumulada por los años, alcohólicas como las que al débil hacen valiente y que arrasan con la profundidad del ser haciéndolo emerger al mundo irreal de la existencia, y hasta vigorizantes con toda la riqueza y propiedades de las frutas y verduras cultivadas en las parcelas y huertas revolucionarias porque al fin y al cabo “la tierra es de quien la trabaja”.

Un cúmulo de cultura encontrados en la mezcla de formas y colores, delineados a trazo de pincel, plasmados en metáforas, sonetos, relatos y versos, cinceles clavados en piedra de cantera, encuentro caprichoso de ingredientes que elevan el espíritu a los valores universales de la humanidad, indispensable en el ciclo vital de los mexicanos: moles y guisados, aves, carnes, combinaciones de lo dulce y lo salado, arte y cultura al alcance de todos. Y un toque final de dulzura, para dejar un buen sabor de boca, las mieles y embelesos de la vida que nos invitan al retorno, a la retrospectiva del optimismo y entusiasmo de frente a la vida: cocadas, duraznos, camotes, glorias, molletes, borrachitos, piloncillo, cristalizados, chispas de impulso hacia lo sublime, a la grandeza, al orgullo de haber nacido en México.

Que el sabor de septiembre nos antoje a disfrutar nuestro México. ¡Buen provecho!

Postre
Como ya es del dominio público, Audi, una de las prestigiadas empresas automotrices alemanas, instalará su planta ensambladora en el continente americano, en nuestro país, teniendo como sede San José Chiapa, en el estado de Puebla. Sin duda alguna el gran éxito de la gestión del mandatario poblano Rafael Moreno Valle, ya que el establecimiento de la firma teutona generará empleo y prosperidad en la región… así lo han referido los medios de comunicación que no se cansan de difundir esta noticia.

Ojalá que las inversiones de Audi  y las empresas proveedoras realmente beneficien a los poblanos; sin embargo, las personas mejor preparadas, poderosos contratistas, franquicias de diversa índole, sindicatos y otros activos, pelearán por llevarse la mejor tajada del gran pastel. Al tiempo.

sábado, 1 de septiembre de 2012

El final del sexenio


La participación en la vida política del país no se reduce al ejercicio del voto, hacer política es también escuchar el informe presidencial, emitir una opinión, evaluar las distintas dimensiones del acontecer nacional, clarificar los adelantos y retrasos así como emitir un juicio real y posible, son deberes del compromiso político de cada ciudadano, son nuestros deberes, renunciar a ellos significa cometer los mismos errores del pasado, aceptar el “ya ni modos” que tanto mal ha causado.



El desarrollo social y económico de un país no se comprende fuera de su historia, de sus instituciones, de su política, de su fe y de sus ideales, de su pasado inmediato que reclama una mirada retrospectiva. El presente de una nación es el equilibrio entre pasado y porvenir, entre la historia y los ideales, así como las esperanzas de un futuro prometedor. Así se escribe la historia de México, de una nación que no quiere repetir el pasado pero tropieza con la misma piedra, que quiere olvidar recordando los errores de los cuales no ha terminado de aprender, así se escribe México, descubriéndose así mismo.

Inicia el mes de septiembre, el mes patrio, el mes de los tres colores que encienden el nacionalismo en edificios, calles, autos y en cualquier lugar donde se puedan pintar y escuchar los colores y sonidos de septiembre, el mes de México. Introduciendo al patriotismo y la alegría de ser mexicanos, el jefe máximo de las instituciones cumplirá el compromiso constitucional de rendir informe a la nación.

El informe presidencial de este año coloca al mandatario en el desenlace de su servicio, después de un sexenio de trabajo, ciertamente hay logros pero siempre quedan obras inconclusas, con los rezagos y las urgencias de siempre. Seis años en el gobierno son objeto de análisis y síntesis, de críticas y, escasamente, de elogios. En el panorama de las opiniones aparece la diversidad de ideas que califican el ejercicio del poder ejecutivo, la pluralidad de ingenios arroja discrepancia al emitir un juicio sobre el rumbo de la nación: ¿Por qué la idiosincrasia mexicana no es capaz de reconocer los esfuerzos, la entrega y el cumplimiento del deber? ¿Hasta dónde la mirada del mexicano limita el horizonte que invita a sumarse al esfuerzo por construir la patria? ¿Por qué no tratamos de desterrar del diccionario personal las palabras descalificación, apatía e indiferencia?

El momento histórico del informe presidencial es un llamado a sumar fuerzas y criterios, los hechos pasados nos han dejado mal sabor de boca y no se deben repetir si en verdad nos inspira el anhelo de una nación donde tengamos las mismas posibilidades y los mismos derechos, implicándonos en las responsabilidades de ser ciudadanos.

México necesita consensos, lograr credibilidad en cada uno de sus habitantes, necesitamos ver resultados congruentes con las propuestas y sugerencias que pretenden un cambio en la vida política y social del país. Porque sabemos que el ideal de nación no es posible que un solo hombre lo alcance, los millones de mexicanos tenemos el compromiso de respaldar cada acción que contribuya al bien común y alejarnos de las acciones que contradigan tal verdad.

La participación en la vida política del país no se reduce al ejercicio del voto, hacer política es también escuchar el informe presidencial, emitir una opinión, evaluar las distintas dimensiones del acontecer nacional, clarificar los adelantos y retrasos para emitir un juicio real y posible, son deberes del compromiso político de cada ciudadano, son nuestros deberes, renunciar a ellos significa cometer los mismos errores del pasado, aceptar el “ya ni modo” que tanto mal ha causado. No puede haber pretextos en contra a no ser que lo que sintamos por México sea antipatía y no amor patrio.

Que los colores y sonidos de septiembre nos lleven a preocuparnos, mínimamente por el andar de nuestra patria que abre los festejos de su libertad escuchando la voz de aquel en cuyas manos se fraguan las decisiones y compromisos del México que continuará descubriéndose mañana.

Postre
Hace unos días la líder nacional del sindicato de maestros, Elba Esther Gordillo, expresó a un grupo de colaboradores la posibilidad de retirarse del cargo, “salir por la sala” y no “por la cocina”. No es casualidad que este sábado, y el de la semana pasada, transmitieran en horario estelar el documental “De panzazo” y “La mala tarea”, filmes que exhiben el fracaso de la educación en México…

viernes, 24 de agosto de 2012

Libertades que van de la mano


Hay expresiones que son una provocación y una falta de respeto y se amparan en la necedad de que esos actos son fruto de la libertad de expresión. Puede haber sacrilegio, pero el estado democrático nunca castigará ni el sacrilegio ni la blasfemia, a lo mucho quizás alguna autoridad, por prudencia, censurará algunos sucesos.


En la libertad existen expresiones que nos permiten vivir nuestras convicciones y creencias íntegramente, siempre y cuando se respeten los derechos de terceros y el orden público. Pero aquí surge una pregunta: ¿Hasta dónde debe llegar la libertad de expresión? Ninguna libertad, ni siquiera la libertad de expresión, es absoluta, pues encuentra su límite en el deber de respetar la dignidad y la legítima libertad de los demás.

Nada, por más fascinante que sea, puede escribirse, realizarse o transmitirse en perjuicio de los demás y de su dignidad. Nadie puede difamar arbitrariamente a una persona o una institución. En el caso de las creencias religiosas, libertad de expresión y libertad religiosa exigen el respeto, sin este, dado que una persona no tiene necesariamente que creer lo que otras personas creen, se puede caer en el sacrilegio, en la irreverencia o en la profanación.

Hay expresiones que son una provocación y una falta de respeto y se amparan en la necedad de que esos actos son fruto de la libertad de expresión. Puede haber sacrilegio, pero el estado democrático nunca castigará ni el sacrilegio ni la blasfemia, a lo mucho, quizás alguna autoridad, por prudencia, censurará algunos sucesos.

Cada sociedad, de alguna manera, ha establecido el límite a la libertad de expresión y hoy existe la posibilidad de manifestar cosas que los miembros de una religión pueden considerar sacrílego o blasfemo. Es cierto que quienes expresan sus puntos de vista no están obligados a compartir la religión de otro, pero también los miembros de una religión no tienen necesariamente que escuchar o ver dichas expresiones. Si así fuera, estaríamos hablando de injusticia, la cual puede ser castigada no porque insulte un símbolo religioso, sino porque provoca el odio y la burla contra aquel grupo.

Amparados en la amplitud de la democracia donde está permitida la libre circulación de las ideas, la libertad de expresión se confunde con el desenfreno irresponsable. Cuando la libertad de expresión no está orientada hacia la búsqueda de lo verdadero y del bien, sino que se complace, por ejemplo, en la producción de espectáculos, de violencia, de malos tratos o de terror, o cuando la fe y los sentimientos religiosos de los creyentes pueden ser puestos en ridículo en nombre de la libertad de expresión o de fines propagandísticos, la intolerancia corre el riesgo de aparecer bajo diversas formas.

El respeto de la libertad religiosa es un criterio no sólo de la coherencia de un sistema jurídico, sino también de la madurez de una sociedad libre. Cuando se ahoga la verdad por intereses injustos, por la violencia de grupos que pretenden hacer obra de subversión en la vida civil o por la fuerza organizada en sistema, es el hombre el que resulta herido: sus justas aspiraciones no pueden ya ser comprendidas, y mucho menos, satisfechas. La libertad de expresión no puede quedar al margen de la norma moral; esta libertad debe ser siempre correlativa a los derechos ajenos y a los imperativos de la vida en sociedad y, consiguientemente, al deber de respetar el honor, la reputación, el bien común, y la decencia de las costumbres.

Postre
Es desafortunada la decisión del obispo de Tehuantepec, Oscar Armando Campos, solicitarle al sacerdote Alejandro Solalinde, fundador de la casa del migrante “Hermanos en el camino”, en Ciudad Ixtepec, abandonar el albergue y aprovechar su tiempo libre en atender a los pobres… ¡Qué más pobres puede atender este hombre de Dios que ha dedicado los últimos años de su vida en proteger a los migrantes y denunciar su maltrato! El Padre Solalinde seguirá en su apostolado, de eso estamos seguros, no le importa si lo excomulgan o es reducido a la vida laical, eso al rabí de Galilea es lo que menos le interesa, lo que espera de sus “ministros” es valor, arrojo o audacia para salir a la búsqueda de las ovejas perdidas… no para dispersarlas.

viernes, 17 de agosto de 2012

México necesita a sus indígenas


“México necesita a sus indígenas” porque en su sabiduría aprendemos que la vida, aún con sus rudezas, posee grandes tesoros de sabiduría, nobleza y fortaleza. Por eso se debe alentar a los indígenas a que conserven y promuevan con legítimo orgullo la cultura de sus pueblos, las sanas tradiciones y costumbres, el idioma y los valores propios.


Hace una década resonó desde la casita del Tepeyac una voz que cimbró la conciencia histórica de la nación mexicana: “¡México necesita a sus indígenas y los indígenas necesitan a México!” Fue la voz del entonces Vicario de Cristo, Juan Pablo II, quien en ese momento señaló el camino a seguir para la construcción de la identidad mexicana.

“México necesita a sus indígenas” no sólo para alardear el folclore y el costumbrismo, sino para recordar que nuestras raíces están en ellos y por ellos subsisten; por desgracia existen hombres y mujeres que se avergüenzan de sus orígenes y buscan estereotipos en una cultura ajena que desarraiga y enajena con valores y criterios muchas veces dañinos al corazón humano.

Los pueblos indígenas poseen una visión de la vida que reconoce la sacralidad del mundo y del ser humano. La sencillez, la humildad, el amor a la libertad, la hospitalidad, la solidaridad, el apego a la familia, la cercanía a la tierra y el sentido de la contemplación, son algunos de tantos valores que las raíces indígenas de México han conservado hasta nuestros días y constituyen una aportación que se palpa en parte de la sociedad.

“México necesita a sus indígenas” para construir un país mejor, una nación plural que se enriquezca con las aspiraciones legítimas de cada uno y en donde la voz de cada uno sea escuchada. Sin embargo, hay que reconocer, con toda verdad, el menosprecio y los abusos que son objeto, vejaciones que no tiene otro origen que la falta de amor y el no reconocimiento de la fraternidad que existe entre todos los mexicanos.

“México necesita a sus indígenas” porque en su sabiduría aprendemos que la vida, aún con sus rudezas, posee grandes tesoros de sabiduría, nobleza y fortaleza. Por eso se debe alentar a los indígenas a que conserven y promuevan con legítimo orgullo la cultura de sus pueblos, las sanas tradiciones y costumbres, el idioma y los valores propios. Cada pueblo indígena posee una identidad como derecho inviolable; al mismo tiempo, la transmisión de dicha identidad a las generaciones venideras, enriquece a toda la sociedad.

“México necesita a sus indígenas” en cuyo corazón palpita el apego y la cercanía a la madre tierra. Ellos aman la tierra y el sano contacto con la naturaleza, por eso, su presencia es una llamada urgente a proteger el medio ambiente y a poner en acto medios eficaces para proteger y conservar la naturaleza creada por Dios.

“México necesita a sus indígenas” porque María escogió a uno de ellos, al “más pequeño de sus hijos”, para ser su mensajero y edificar la gran obra de nuestra evangelización y salvación. La fe en nuestras tierras fue sembrada en el alma indígena, y ellos nos enseñaron a perdonar y a ser siempre fieles...

“Y los indígenas necesitan a México”, a sus instituciones, sus estructuras sociales y eclesiales para que, con un renovado empeño, sean ellos mismos protagonistas de la propia elevación espiritual y humana mediante el trabajo digno y constante, la fidelidad a sus mejores tradiciones, la práctica de las virtudes así como  la fe recibida.