miércoles, 21 de diciembre de 2016

Lección de humildad y bondad

...Dios renueva en cada uno de nosotros su redención acompañado por un cúmulo de gracias, tan constantes y tan llenas de delicada providencia que todos podemos recordar ante Él. Y esto lo hace Jesús niño, desde su pesebre...


En medio de la algarabía de estos días navideños, es difícil concentrarse y detenerse un momento para contemplar la profundidad del misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Sin embargo, vale la pena prescindir por un momento de todo cuanto externamente pueda distraernos y concentrarnos para esperar con ilusión ferviente la renovada Encarnación de Dios en el propio corazón.

La presencia de Jesucristo, despojado de todos sus atributos de grandeza, reducido a tal extremo de pobreza y de sacrificio, es una invitación para seguirlo por el camino de la entrega total que Él ya ha recorrido antes con infinito amor por nosotros. Por eso, detenerse ante el misterio de la Encarnación, es darse la oportunidad de conmoverse ante el modelo de obediencia a la voluntad del Padre, que quiso marcar tan dolorosamente todas las circunstancias de su nacimiento.

En medio de las fiestas navideñas hagamos una pausa, llenos de sencillez, ante el pobre pesebre, en un esfuerzo humilde y fervoroso de nuestra fe, tan intenso como nunca lo hemos hecho hasta ahora, considerar en Jesús no un nacimiento más, no una Encarnación más que se cumple todos los años, sino el nacimiento que es capaz y suficiente para impulsarnos de manera decisiva hacia la santificación real de nuestra vida. Porque la noche de su nacimiento, Dios renueva en cada uno de nosotros su redención acompañado por un cúmulo de gracias, tan constantes y tan llenas de delicada providencia que todos podemos recordar ante Él. Y esto lo hace Jesús niño, desde su pesebre, dándonos sin palabras, una lección de humildad y de bondad que jamás podremos olvidar porque nos la recuerda todos los días cuando lo asimilamos y lo poseemos en el misterio de su Eucaristía.

Lección de bondad y de humildad: dos virtudes que bastan para cambiar de manera insospechada toda una vida y dirigirla a la perfección y máxima santificación. Es una lección sin palabras ni discursos, una lección viva que ojalá seamos capaces de sentir con toda la intensidad de que seamos capaces, dejando que broten por sí mismas las consecuencias. Por eso, de rodillas, pidamos a Jesús que nos hable tan directamente y nos enseñe con tal persuasión que aprendamos para toda nuestra vida a ser mansos y humildes de corazón para poder cumplir la misión de la que Jesucristo nos ha hecho partícipes.

Celebremos estas fiestas navideñas y dispongámonos para comenzar el nuevo año con la decisión inquebrantable de que Jesucristo, niño ahora, vaya creciendo en todos más y más hasta el desarrollo perfecto y la maduración plena.

Ojalá que ante la contemplación de Dios hecho hombre, anonadado y humillado hasta el extremo, nos decidamos a entender también así nosotros el estilo de nuestra entrega a la vocación sublime que hemos recibido: Ser santos que se traduce en amor y justicia.

martes, 6 de diciembre de 2016

La cultura navideña

La Navidad, en su original significado es la culminación del Adviento, la conmemoración solemne festiva y jubilosa del nacimiento o natividad de Jesucristo, el motivo para que los cristianos es que olviden sus diferencias y se reúnan en torno a la figura del Niño Dios.

Por Arqueólogo Eduardo Merlo Juárez


Los medios de comunicación masiva empiezan, desde principios de noviembre y otros más abusivos, desde finales de octubre, a saturar sus espacios con mensajes cuidadosamente preparados, primeramente una música que implica un trasfondo de cascabeles y trote como de caballos, con acompañamiento de orquestas un tanto disimulado. Si en la televisión se mira un árbol lleno de luces, esferas y escarcha, debajo un sin fin de cajas forradas de papel diseñado con flores, estrellas, etc., predomina el rojo. Tras la ventana se advierte un clima frío, si se puede, nevado. Dentro, la familia se agrupa ya sea en el comedor, alrededor de una opípara mesa en que destacan bebidas embriagantes, al menos sidras. Todos están muy contentos, sonríen; en un momento dado se abrazan efusivamente, como si algo hubiera explotado en ellos.

Los televidentes saben bien que es por la Navidad, no obstante, en ese instante surge la inducción comercial, ya sea el membrete de un banco que garantiza una mayor seguridad en el futuro. Puede ser un almacén que tiene los mejores artículos; una joyería que insiste en que una piedra preciosa es para siempre. Para enfatizar ese “afecto” maquillado, no puede faltar el abuelo y la abuela, símbolo de reforzamiento hogareño.

El árbol, cuajado de luces y esferas resplandece, un niño o niña busca afanosamente y no encuentra el juguete durante mucho tiempo y machaconamente se le ha proyectado en la pantalla, entonces llora y de pronto, atrás de la puerta aparece el papá con el preciado regalo, todo es felicidad. Se dice y se repite: ¡felicidades! ¡Feliz Navidad! y se sobreentiende que justamente eso es la Navidad, una mesa bien puesta, ropa gruesa de excelente calidad, un arbolito robado a la naturaleza, risas y más risas, comer y comer; regalar, regalar. En ese proyectil subliminal, nada se mencionó, ni de lejos, sobre el significado auténtico del término “Navidad”, puesto que es lo que menos importa.

Parece inconcebible que se dediquen tantos días a anticipar uno solo, pues así, sin el mensaje profundo que este día tiene, es como todos, sólo que por obra y desgracia de la publicidad, se torna en día del regalo, dispendio y fingimiento. Los diarios aumentan sus páginas porque la publicidad paga planas y planas, uno puede seleccionar los encabezados: ¡Compre! ¡Aproveche ofertas! ¡Ahorre! ¡Obsequie! ¡Regale! ¡Comparta! Las más guapas modelos se atavían con cortos atuendos y bufandas. La radio recorta los programas para dar cabida a comerciales que siempre tienden a que los oyentes se familiaricen con el término gastar. Esa es la navidad moderna, por ello se desvelan y se endrogan los jefes de familia.

Vuelta a las imágenes televisivas. El bombardeo inmisericorde de mensajes navideños de los años cuarenta, nos contagió con un personaje que de tanto verlo, se ha hecho familiar. Es gordo, simpático, calvo y barbón. Usa una especie de mameluco rolo con orlas blancas; botas negras y relucientes muy achatadas. Tiene una nariz boluda y hasta cierto punto roja, no se sabe si por el frío o por algún afecto etílico. Lleva un costal enorme a cuestas, lleno, originalmente de juguetes, pero ahora hasta de refrigeradores y automóviles; sugerencia sutil de que es capaz de regalar artículos de esa envergadura, porque es la encarnación misma del consumismo. Por su atuendo se deduce que proviene de un clima helado y así era, porque ahora suele incursionar como Pedro por su casa en los más tropicales medios, sus pequeños anteojos redondos y sonrisa provocativa, es la encarnación misma de la navidad contemporánea. Es justamente el amo de esta festividad, a él y lo que representa se le rinde el culto más profundo.

Incluso los niños más pobres de las áridas y mortíferas regiones zaireñas lo reconocerían con los ojos cerrados, tan solo por oír esa carcajada socarrona, sabrían que se trata del dios navideño, el mismísimo Santa Claus, quien vive en lo más recóndito del Polo Norte junto a su señora Mamá Santa, casi tan gorda como él, y ambos son los ejecutivos del inmenso taller en que se confeccionan todos los juguetes imaginables. Los obreros son gnomos o enanos con apariencia infantil que felices trabajan día y noche para surtir los pedidos que cada Navidad hacen los muchachitos soñadores. Como quien dice, Santa Claus es el ejemplo a seguir de empresario próspero que saca el mayor de los provechos de sus trabajadores, dado que el fin justifica los medios. Todos esos enanos son ajenos completamente a sindicatos, servicios médicos y demás prestaciones, faltaba más, pues en el Polo Norte ninguno se atrevería a demandar a tan internacional patrón; ¿qué sería de la Navidad sin Santa Claus?

El dichoso anciano suele salir de sus glaciales moradas montado en un trineo que se desplaza sobre las nubes a tracción de renos, con esto no da lugar a contaminación alguna, salvo la natural, pues a pesar de que vuelan los venturosos animalitos, deben tener sus necesidades. Cada uno de estos como venaditos tiene su nombre y su historia, principalmente la que los llevó a ser elegidos para tirar del vehículo santaclosiano.

Suele vérseles a contraluz los días de luna llena, se les escucha por el tintineo de las campanitas que los adornan, sonido que enmudece cuando arriba a alguna chimenea, para no despertar a los niños mientras el gordo personaje se encoge para entrar por el tiro de tabiques. Claro está que habría que verlo encoger sus llantitas para introducirse por los tubos de los calentadores, dado que para este bendito clima nuestro, las chimeneas son totalmente inútiles. El caso es que el gordo, la chimenea, el trineo, los renos y el color rojo, se han incorporado como símbolos de una Navidad superficial, vaga y asociada compulsivamente al derroche.

Resumiendo, vale la pena hacer una especie de iconografía de esa “Navidad” que dista mucho de la original:

Nieve: la blancura de los campos, la escarcha sobre los árboles y hasta el precioso diseño de los cristales que conforman los copos, nos habla de la región nórdica originalmente, pero trasladada a los Estados Unidos y de ahí a quien se deje.

Árbol adornado: es la remanencia de un antiquísimo culto al espíritu del bosque en la mitología escandinava. Justo en el inicio del solsticio de invierno, tenla lugar una solemne ceremonia en que escogía un pino gigantesco, el cual se adornaba lo mejor posible y se realizaban bailes a su alrededor. Los primeros evangelizadores cristianos del norte de Europa permitieron el culto, pero dedicado a Cristo-Sol.

Botas: representan a Santa Claus y se confunden con la tradición mediterránea de dejar zapatos viejos en la ventana, para que el Niño Jesús deje un recuerdo de su natalicio.

Calcetas: es prácticamente lo mismo que las botas.

Chimenea: necesariamente en los climas fríos y asociada al hogar o fuego familiar, de ahí que simbólicamente Santa Claus entre al seno de la familia.

Santa Claus: personaje controvertido que se ha conformado con varias tradiciones; primeramente proviene de los duendecillos que en Escandinavia y Rusia habitan los bosques y que sorprenden a leñadores y cazadores furtivos, pero confortan y regalan a quienes se preocupan por preservar la naturaleza. Su traje rojo indica calidez y las orlas blancas el forro de piel para soportar el frío. También se enriqueció con la personalidad de un santo católico: Nicólas de Myra o de Bari, el cual es uno de los más importantes en el culto de la Iglesia Ortodoxa Rusa y Griega, quien predicó también en Europa y su nombre latinizado Sancte Nicolaus, se compactó a Santclaus y luego Santa Claus. El santo obispo dio lugar a la tradición de traer regalos a los niños católicos el 6 de diciembre.

En Inglaterra, después de la reforma de Enrique VII, se decidió que los regalos infantiles se dieran en la Navidad, borrando la asociación al santo. Así, sin querer queriendo, Nicolás no sólo trasformó sus vestiduras episcopales en el atuendo de los gnomos, sino que engordó y hasta se casó, por obra y gracia de ese sincretismo entre pagano y protestante.

La Navidad, en su original significado es la culminación del Adviento, la conmemoración solemne festiva y jubilosa del nacimiento o natividad de Jesucristo, el motivo para que los cristianos es que olviden sus diferencias y se reúnan en torno a la figura del Niño Dios. En los primeros tiempos de la Iglesia era ocasión de compartir el ágape o comida común, ofreciendo alimento y limosna a los pobres y sobre todo: afecto y amor, sin gastos ni desperdicios, absolutamente ajeno a los regalos de compromiso y a fingidos ambientes, simplemente cantando como los ángeles en Belén: “Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

jueves, 24 de noviembre de 2016

¿Qué es la Renovación Carismática en el Espíritu Santo?

Hay millones de católicos que no hablan solamente del Pentecostés histórico, ofrecen un testimonio claro y contundente de un Pentecostés personal, de sus propias experiencias, de la presencia y obra del Espíritu Santo en ellos.


La Renovación Carismática Católica, Movimiento Carismático Católico o Renovación en el Espíritu Santo es un Movimiento de renacimiento espiritual bajo el signo de Pentecostés, que lleva a una vivencia de la fe similar a las primeras comunidades cristianas: compartir los bienes y reunirse en pequeños grupos y asambleas para la oración. Proviene históricamente del movimiento carismático pentecostal originado a partir de la apertura del Concilio Vaticano II, y más tarde fue acogido por el catolicismo.

Nace en 1966 en la Universidad de Duquesne, Pittsburg, Estados Unidos, por un grupo de catedráticos y alumnos de esa institución católica que, durante un retiro, meditaron sobre la experiencia de Pentecostés en los Hechos de los Apóstoles, así como una nueva comprensión de la acción del Espíritu en la iglesia, produciéndose entre ellos una fuerte experiencia con el Espíritu Santo. Posteriormente se extendió a otras instituciones de enseñanza superior en territorio norteamericano al grado de repercutir en otros países.

El movimiento llega a nuestro país en 1970 con la celebración del primer retiro en la Ciudad de México dirigido por el padre Harold Cohen con el apoyo de Mons. Carlos Talavera, en aquel entonces director del Secretariado Social de la Arquidiócesis de México. Tres años después de aquel retiro llega a Puebla, una de las primeras ciudades que adoptaron la Renovación, lo organizó el sacerdote Salvador Martínez, Misionero del Espíritu Santo con ayuda de Alicia Martínez de Gómez.

De acuerdo a Roberth Phoenix, militante del movimiento de la Renovación en Puebla, la llegada a la angelopolis no fue fácil, sufrió desprecios e incomprensiones, al grado de  incomodar a mucha gente por su propuesta ritual, sin embargo, poco a poco fue aceptado y reconocido como obra del Espíritu Santo, de manera que produjo buen fruto en el terreno fértil previsto por el Concilio Vaticano II. A partir de 1987, en la circular 16/87 que emitió el entonces arzobispo de Puebla, Mons. Rosendo Huesca Pacheco, confirió a la Renovación su reconocimiento como Movimiento Eclesial para lo cual nombró como primer asistente Diocesano al Padre Luis Ruiz Velásquez (D.E.P.) quien junto con el Padre Humberto Vargas Rivera (D.E.P.), Vicario Episcopal de los laicos, integraron el primer equipo de coordinación diocesana. Actualmente el sacerdote Javier Prado asesora al movimiento y lo coordina Gilberto Pacheco López.

Cabe señalar que la Renovación Carismática es una corriente de gracia que ha tocado transversalmente las Iglesias cristianas (católica, ortodoxa, protestante). Incluye a unos 600 millones de cristianos en todo el mundo.

¿Qué pretende el Movimiento de la Renovación?


La Renovación Carismática Católica tiene como objetivo lograr una conversión profunda, en el que hombres y mujeres tengan una experiencia motivada por la acción y gracia del Espíritu Santo de modo que sean un testimonio genuino de vida cristiana. La misión que se plantea es “colaborar en la obra evangelizadora de la Iglesia diocesana, proclamando a Jesús como Señor, por el poder del Espíritu Santo y para gloria del Padre”.

Para tener un crecimiento adecuado y cumplir con el objetivo, se llevan a cabo diversos medios ordinarios de la Renovación tales como las Asambleas de Oración, la Evangelización Fundamental, la Formación Básica y los Grupos de Oración, los cuales son patrimonio de la Iglesia misma y no exclusivos de la Renovación; sin embargo, se toman y los hacen comunes en todas sus comunidades dándoles ciertas características que le dan una identidad definida al movimiento, un modo de ser muy particular, especialmente por su alegría, por sus cantos y ambientaciones.

Las Asambleas de Oración es la comunidad inicial y pilar de la Renovación, es la actividad central del movimiento, son una respuesta al anhelo que asiente la comunidad de creyentes en una participación más activa y personal en la comunidad eclesial y de relaciones más profundas en la Fe, sostenidas y animadas por la Palabra de Dios y la oración en común.

Se propone que sus miembros logren un encuentro vivo con Jesús y una adhesión personal a Él. Esto se procura mediante un curso de Evangelización Fundamental o Curso de Iniciación o Renovación, que comprende el anuncio del Evangelio o Kerigma, no como enseñanza de carácter doctrinal, sino como proclamación viva del mensaje de salvación en un clima de oración y conversión.

Si bien, este primer mensaje está dirigido de modo particular a quienes nunca han escuchado la Buena Nueva de Jesús, se vuelve cada vez más necesario a causa de las situaciones de descristianización frecuentes en nuestros días para un gran número de personas que ya recibieron el Bautismo. Por ello, esta experiencia se realiza mediante la renovación del propio Bautismo y la Confirmación, que lleva a una participación plena y madura en el culto y en la misión de la comunidad eucarística.

La misma Renovación asume la responsabilidad de ser educadora de la Fe, ya que tendrá verdadera fecundidad en la Iglesia en la medida en que conduzca al mayor número de fieles, en su vida cotidiana, a un esfuerzo humilde, paciente y perseverante para conocer siempre mejor el Ministerio de Cristo y dar testimonio.

Dóciles siempre a la discreta acción del Espíritu Santo, los Grupos de Oración han de transformarse paulatinamente en verdaderas comunidades cristianas, integradas y comprometidas por una mayor radicalidad evangélica en la edificación de una nueva sociedad. Esta transformación los ha de llevar a buscar cauces para su compromiso apostólico en las parroquias y en las estructuras de la Iglesia Diocesana.

Para sostener estos medios y mantener un buen funcionamiento se requieren de equipos básicos que hacen participar a los fieles dentro de los mismos; estos equipos son cinco: Animadores de Asamblea, Evangelizadores, Maestros o Equipo de Formación básica, Coordinadores de Grupos de Oración y Equipo de Canto y Música que sirve en cualquiera de los cuatro medios ordinarios para mantener una intimidad y comunión más estrecha, llevando todos el mismo fin de la Renovación, la experiencia del Dios vivo.


En la Arquidiócesis de Puebla hay 84 comunidades divididas en 10 zonas entre urbanas y foráneas, para darles seguimiento se constituyó la escuela “La Palabra es Vida”, que capacita a los servidores impartiendo una enseñanza sistemática y permanente en las áreas: Pastoral, Doctrinal y Espiritual, cumpliendo de esta manera su función bajo una guía personalizada o comunitaria.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Una reflexión sobre los barrios de Puebla

Porque el santuario sigue en pie, el barrio se resiste a morir -porque la madre no se ha ido, la familia sigue reunida-, porque la Santísima sigue aquí, el barrio “no ha muerto, está dormido”, porque la luz sigue encendida, la fe sigue viva...

Por Pbro. Dr. Guillermo Hernández Flores, Párroco de Ntra. Sra. de la Luz


Nuestros barrios son -en lo que todavía tienen de barrios- comunidades que “el hombre desarrollado” ha dado en llamar premodernas. Se les reconoce como iguales a otros rumbos de la ciudad pero ya no en razón de la dignidad y del valor intrínseco de sus habitantes, sino en razón del reconocimiento que se les hace de sus carencias, que tienen que ser llenadas. Desde que en el mundo la economía se ha erigido como valor supremo, el hombre dejó de percibirse como prójimo para convertirse en un ser de necesidades abstractas- dejó de formar parte de las leyes no escritas de la comunidad para formar parte de las necesidades fabricadas por la economía- empleo, seguridad, salud, educación, drenaje, agua, etc., necesidades que sólo las instituciones encargadas de sanearlas pueden satisfacer.

De este modo, las autoridades que sí son “modernas”, perdieron la capacidad de comprender el sentido profundo de estas comunidades -llamadas con un orgullo nostálgico, “barrios”- y las han ido sometiendo, aunque con sus palabras lo nieguen, a un progresivo proceso de extinción. Desarrollarse o morir, la percepción del hombre como un ser de necesidades, meramente económicas, no ofrece otra opción.

En nuestros barrios todavía existen lugares comunes, donde se comparte un plato de frijoles, donde se llama uno por su nombre, donde los enfermos, viejos y discapacitados son parte de la vida de las familias junto a sus miembros más jóvenes y sanos, lugares donde se acoge y se es acogido.

Bajo el imperio de la diosa economía, esa que habla siempre de “macro”, estas ventajas de lo humano se desvalorizan y las bondades de la hospitalidad y la caridad se corrompen, la miseria que están viviendo, la desintegración familiar, la inseguridad y la violencia se deben al acabamiento de aquella mirada humana que antes los cobijaba y que veía al otro como al prójimo que compartía con nosotros un lugar y al que habría que acoger no en función de sus carencias sino en función de su ser. La mirada económica ha venido acabando con estas sociedades tradicionales -los Barrios- y con el sentido humano de su espacio.

La Luz: un barrio que agoniza y un santuario que pervive


Cuentan los viejos, aquellos tiempos de los mesones y de las calles de piedra, cuando la gente iba por agua con latas y a las fuentes de las esquinas, cuando el río bajaba cantando una canción de alegría. Todos, dicen, se conocían. Las calles, como los panes, se llamaban de otra manera. No había “changarros”, eran las tiendas de un comercio vivo que se apellidaba como sus dueños. Los caserones rebosaban no sólo de gente sino de contento cuando todos los días, desde la torre y al tañer de las campanas, el barrio se despertaba... Ahora es diferente.

Las calles se han vuelto de asfalto, concreto o se han adoquinado y la gente ha perdido su nombre. Las fuentes han desaparecido y el agua se compra y se vende. Ya no hay mesones sino puras vecindades que languidecen en esos mismos caserones destruidos hoy por el tiempo y por algunas de nuestras autoridades. Tampoco hay tiendas con nombres de gente, ahora sí hay “changarros” que se llaman “supersitos”.

Las calles y los panes, como la gente, se olvidaron de sus nombres; el río, ahora, es de automóviles y, sobre su lápida de concreto, se lee “Boulevard Cinco de Mayo”. Y en medio de los escombros, el barrio, en sus tradiciones, se resiste a morir.

Vive una prolongada agonía cuando, todos los días, al despertar, sigue oyendo esas campanas que, desde la torre y con su tañer cantan su dolor... Sin embargo, el Santuario, en el corazón del barrio, nunca deja de latir, y la Madre de la Luz nunca deja de llamar a los que se han tenido que ir. Y a los que se han quedado, que de “braveros” se han vuelto huraños, de creyentes a incrédulos y de fieles a indiferentes, la Madre que habita el Templo, aún sin que la visiten, les sigue dando esperanza, amor y consuelo.

Porque el Santuario sigue en pie, el barrio se resiste a morir -porque la Madre no se ha ido, la familia sigue reunida- porque la Santísima sigue aquí, el barrio “no ha muerto, está dormido”, porque la luz sigue encendida, la fe sigue viva. Por eso vuelve a la vida cuando, todos los días, al despertar, sigue oyendo esas campanas, que desde la torre y con su tañer, cantan su resurrección.

jueves, 6 de octubre de 2016

Sin caer en la paranoia, más vale tener cuidado

Con motivo de los últimos acontecimientos, debemos tomar algunas medidas de seguridad personal para no salir lastimado, mutilado, secuestrado, extorsionado o sufrir cualquier cosa inimaginable.


  1. Sé  tolerante. Si vas manejando y ves que alguien te pita o te quiere rebasar, hazte a un lado, no sabes quién es ni por qué es su prisa. No pelees con quien genera tráfico o porque se te cerró, mejor respira profundamente, cuenta hasta 10 y valora tu vida.
  2. Sé cuidadoso. Frecuentar bares, discotecas, “tables dances”, ya no es seguro. El narcotráfico se ha apoderado de estos lugares, en cualquier momento pueden llegar al antro donde estés y cerrarlo. Mejor habla con tus amigos que frecuentas y empiecen a reunirse para divertirse en casa de conocidos.
  3. Sé humilde. Nos gusta presumir lo que tenemos y demostrar que somos pudientes, al menos la mayoría. Sin embargo, estos tiempos nos piden que dejemos de pavonearnos. Si tienes dinero, bien por ti, pero no lo cantes a los cuatro vientos o derroches el dinero en cosas superficiales. Los “zetas”, son muy fijados y andan buscando gente con recursos económicos capaz de pagar un buen rescate.
  4. Sé prudente. Ser valiente tiene sus consecuencias. Si ves que a alguien le están haciendo daño o sabes dónde tienen a alguien secuestrado, ¡avisa! No hables desde tu celular o teléfono fijo, llama desde un teléfono público y haz tu denuncia anónima.
  5. Sé agil. Si estás en tu automóvil en medio de una balacera, agáchate hasta el suelo del vehículo y cubre tu cabeza con las dos manos. Si tienes niños dentro del auto, tómalos, agárralos fuerte y échate encima de ellos. Si caminas y estás en medio de un tiroteo, no corras, ya que te pueden confundir, mejor tírate al piso y cubre tu cabeza con las manos.
  6. Sé inteligente. El narcotráfico también es dueño de los negocios sucios como la piratería. Deja de comprar piratería, si no te alcanza para adquirir un disco compacto, ve a un “ciber” y baja la música, pero no compres música robada ya que si lo haces apoyas la economía de estos individuos.
  7. Sé reservado. No digas en lugares públicos de que “la delincuencia en Puebla te tiene hasta el copete”, tampoco te atrevas a decir “sé dónde están los zetas”, mucho menos “querer hacer algo para parar la delincuencia”. No amigo, no se sabe a quién tienes al lado en el restaurante, en el parque, incluso en el templo… Resérvate tus comentarios y deja que las “autoridades” hagan su chamba.
  8. Sé prevenido. Si tienes hijos que no son mayores de edad y les encanta salir, limita su salida hasta las 9 de la noche, a la mafia le encanta operar a esas horas del día. Tus hijos te harán berrinche pero es por su bien.
  9. Sé desconfiado. Ya no sabemos a quién tenemos de vecinos, quiénes nos sacan plática o quiénes son nuestros clientes. Mejor trata de no socializar con personas que no conoces, no sabemos cuáles sean sus intenciones.
  10. Sé sutil. Publicar tus fotos en las redes sociales como Instagram, Twitter, Facebook o Pinterest es divertido, pero trata de no publicar tus fotos del último viaje a Europa, de haber ido apoyar a la selección mexicana en el mundial o presumir el auto último modelo. Hasta en internet los amantes de lo ajeno te investigan y se van dando cuenta cómo te va a ti y a tu familia.

Es una tristeza dar estas recomendaciones, al parecer hemos perdido nuestra libertad. Los tiempos han cambiado y si las autoridades no hacen nada, los ciudadanos tenemos que empezar por esto.

Postre
¿Castigo o reto? El tiempo dirá qué posición asumirá Eugenio Lira Rugarcía, obispo auxiliar de Puebla que hace unos días fue nombrado por el Papa Francisco obispo de la diócesis de Matamoros, uno de los territorios complicados a causa del narcotráfico y el crimen organizado. Que Dios bendiga el ministerio del Padre Lira.