miércoles, 11 de noviembre de 2009

Parado en la muralla que divide

Se empezó a construir en 1961 y tenía 155 kilómetros de largo, incontables personas murieron al intentar cruzarlo, dividió a un país, creó dos visiones del mundo y fue el símbolo de una guerra absurda: el muro de Berlín. La noche del 9 de noviembre de 1989 atestigüé, en los noticiarios de la televisión, cómo esa cortina de hierro, poco a poco, caía hecha pedazos. Recuerdo el entusiasmo y la ansiedad de los jóvenes que con diversos artefactos destrozaban la muralla, la conmoción de los alemanes quienes esperaban impacientes, tras largos años, reencontrarse con amigos o familiares separados por las ideologías. Esas escenas fueron magníficamente contrastadas con imágenes de personas que desesperadamente querían cruzar la monumental barrera y morían ahí, en el intento.

¿Por qué tanta algarabía? ¿Por qué un amplio despliegue informativo para cubrir semejante suceso? El final de la Guerra Fría, el declive del comunismo y el triunfo definitivo del capitalismo. Los grandes protagonistas de esa fundamental parte de la historia de Europa fueron, entre otros, el entonces presidente de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Mijail Gorbachov; el ex presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan; el joven electricista de los astilleros Lenin de Gdansk, el polaco Lech Walesa; el disidente y ex prisionero político checo Vaclal Havel; el ex canciller de Alemania, Helmut Kohl; y quien fuera el Vicario de Cristo Juan Pablo II.

La “perestroika” de Gorbachov (que insulsamente Salinas de Gortari aprovechó para disfrazar su modelo económico y político) fuera de las fronteras rusas, facilitó la apertura a Polonia y Hungría provocando un efecto cascada en la apertura de los países del extinto bloque socialista. Como recompensa “Gorby”, como se le conoce mundialmente al ex premier ruso, recibió un golpe de Estado en 1991 que puso punto final a su carrera política, sin embargo, un año después de la caída del muro se hizo acreedor al Premio Nóbel de la Paz en 1990.

Reagan, por su parte, celebró hasta 5 cumbres con Gorbachov, en las que se firmaron importantes acuerdos de desarme. Premonitorias fueron sus palabras dirigidas al primer mandatario ruso ante la puerta de Brandenburgo un 12 de junio de 1987: “Señor Gorbachov, haga caer este muro”.

El Papa Juan Pablo II, por su parte, respaldó en todo momento a Lech Walesa en sus aspiraciones de hacer desaparecer el comunismo de la tierra natal de ambos y lo consiguieron, gracias, en buena medida, a los oficios del mandatario norteamericano y la voluntad política del jefe del Kremlin.

Sí, hace 20 años se acabó la angustiante Guerra Fría, concluyó la Segunda Guerra Mundial, el totalitarismo fue derrumbado para dar paso a la democracia y a los derechos humanos, pero también surgieron nuevos y complejos problemas. Aunque triunfó el capitalismo, éste no ha generado ni la riqueza ni la prosperidad deseada por todos. Para el antecesor de Benedicto XVI, actor importante en el final del comunismo, el sistema económico predominante perdió de vista cómo distribuir la riqueza en un mundo tan inequitativo.

Postre
Si alguien pensaba que en este mundo ya no existen muros que dividan pueblos, ciudades o países está muy equivocado. Existe una vergonzosa “barrera israelí” en Cisjordania, para protegerse de las amenazas del terrorismo. Pese a las condenas, al Estado Judío le vale con un cacahuate lo que diga la comunidad internacional, finalmente cuenta con el apoyo del país de las barras y las estrellas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario